¿Cómo sobrevivir a la marcha de un socio?

¿Cómo sobrevivir a la marcha de un socio?

Lo principal para una empresa es no salir perjudicada evitando los enfrentamientos personales, encontrar lo mejor para la empresa a la hora del relevo de los accionistas y tener una buena comunicación con los trabajadores, usuarios y clientes.

La marcha de uno de los socios suele ser un momento delicado para la mayoría de empresas. Si el proceso no se realiza de forma cordial y bien estructurada, puede ser causa de conflicto e incertidumbre.

Pero en realidad, la salida de un socio no tiene por qué ser un acontecimiento traumático y, hasta cierta manera, puede ser algo natural. Pero si que es cierto que se trata de un proceso delicado que se debe tratar con cuidado. Para esto, conviene gestionarlo siguiendo unos pasos en concreto.

Prevenir el conflicto

Lo más recomendado es que en el pacto de socios se detallen las responsabilidades de cada uno de los socios y se acuerde cómo se va actuar en caso que surjan diferencias entre los socios. Aunque cuando iniciamos un proyecto genera ciertos reparo, es imprescindible hablarlo y tener un convenio por escrito será bastante útil cuando aparezcan discusiones y divisiones. El acuerdo debe incluir cláusulas que tengan previsto las condiciones para la compraventa de las participaciones de la persona que se quiere marchar. De esta manera, se protegen los intereses del resto de los socios de la empresa y se evita que se vean perjudicados por la entrada de nuevos socios que se hagan con el control mayoritario de la empresa.

Nombrar un mediador

La salida de algún socio suele producirse debido a desacuerdos con la gestión de la empresa o la estrategia que está siguiendo en su crecimiento. Lo más importante aquí sería evitar que estas situaciones lleguen a niveles insoportables de desgaste y enfrentamientos a nivel personal. Por esto, es vital abordar los problemas en cuanto surjan y, en caso de que no se alcance un acuerdo, encontrar una salida lo más amistosa posible. Si es una disputa emocional difícilmente se conseguirá llegar a una solución. En vez de cooperar las diferentes partes seguramente que rivalizarán para llegar a un pacto que se sientan vencedores. Cuando esto pase, lo más recomendable es designar un mediador que aporte una visión más objetiva sobre el problema y que ofrezca diferentes alternativas al problema. Es mediador puede realizarse por un consultor o un abogado, pero lo más importante es que todos los implicados perciban al mediador como alguien neutral de las partes implicadas. Si llega el caso de no llegar a un acuerdo, este mediador también puede contribuir a establecer el valor de las acciones que posee el socio que quiere irse y negociar las condiciones para su venta.

Pactar la salida de la venta

Conviene que las negociaciones sean lo más discretas posibles y perder el menor tiempo posible, ya que cuanto menos tiempo se dedique mejor para la empresa, al salir menos perjudicada. Para adelantar el proceso hay que facilitar la salida de la persona que se encuentre a disgusto en la empresa pueda salir del accionariado lo más rápido posible. Cuando el resto de los sociosvayan a comprar sus acciones hay que tener generosidad a la hora de acordar la forma de pago. Esto puede implicar un método más adecuado para satisfacer a ambas partes.

Buscar un sustituto al socio que sale

Existen tres fórmulas para que se produzca el relevo en el accionariado. Consisten en que el resto de socios, o la propia empresa, compren sus acciones o participaciones, buscar un socio que lo sustituya o dividir la empresa en varias partes. La opción más sencilla es que el resto de socios compren las acciones, ya que en este caso no se tiene que buscar a nadie de fuera de la empresa ni negociar su encaje en la dirección de la empresa. Pero como siempre pasa el principal inconveniente es contar con la financiación necesaria para realizar el pago. Por esto, muchas veces se opta por que sea la propia empresa la que realice su compra, recurriendo a financiación tradicional.

Es habitual buscar otro socio que sustituya al socio que se va. Lo esencial es que la persona esté en concordancia con la visión y los objetivos de la empresa. Salvo que sea alguien a quien se conozca, conviene tener con el respaldo de un asesor especializado que pueda rastrear el mercado y negociar las nuevas condiciones. Una posibilidad interesante es incorporar un socio industrial que tenga capacidad de aportar diferentes sinergias a la empresa y que ayude a una mayor profesionalización de la empresa.

Una solución intermedia es promocionar a una persona que esté en el equipo gestor de la empresa ofreciéndole la posibilidad de comprar algunas participaciones para convertirse también en un accionista.

La última alternativa es dividir la empresa en varias partes, pero ésta es una medida que sólo se debe plantear en los casos que existan dos líneas de negocio claramente diferenciadas.

 

Reorganizar la gestión de la empresa

Lo más frecuente es que el socio de una empresa tenga también responsabilidades en la gestión de dicha empresa. Si previamente se habían delimitados con claridad las funciones ahora se puede repartir con mucho más facilidad. En este caso de que se haya optado por dar la entrada de un nuevo socio, se puede buscar un perfil parecido a la persona que sale para reemplazarlo en el accionariado de la empresa y también en las funciones que realizaba dentro de la empresa. Si no es posible, lo más recomendable es buscar dentro de la empresa a alguien para asumir dichas competencias. Si no hay nadie, también se puede buscar y contratar a alguien externo a la empresa. Otra opción es que se efectúe una redistribución de funciones entre el resto de los socios que se quedan en la empresa.

Aunque esta opción es una alternativa viable, hay que tener especial cuidado para no infravalorar la carga que supone. En algunas ocasiones, la persona que ha asumido mayor responsabilidad no llega a atender sus otras obligaciones.

Comunicar los cambios entre nuestros trabajadores

Para completar el proceso con éxito, es fundamental no generar inquietud entre los empleados, clientes, proveedores y otros posibles colaboradores. Lo mejor es contar un buen plan de comunicación bien estructurado que evite que la imagen de nuestra marca se vea perjudicada.

De cara a los empleados, el mayor riesgo es que se produzca divisiones internas. Cuando las diferencias entre los socios se convierten en públicas y, especialmente se prolongan en el tiempo, es fácil que los trabajadores se pongan de una parte o de la otra. Esto puede producir un empeoro en el ambiente de trabajo y puede provocar una división de los trabajadores en diferentes bandos. Cuando se produce esta situación surgen las dudas sobre el futuro de la empresa afectando al rendimiento de los trabajadores.

Para evitar todo esto, lo mejor es que las negociaciones se mantengan lo más privadas posibles y que únicamente se les comunique la salida de los socios cuando ya se hayan alcanzado una solución. De esta manera, se puede centrar la explicación en cómo se va a realizar la reorganización de la empresa y en qué les va a afectar, en lugar de realizar una lista de los motivos que han llevado a la marcha de uno de los socios. Por parte de los proveedores y los clientes, lo importante es transmitir estabilidad que todo va a seguir igual.

Para todos estos casos, lo mejor es ser flexible para llegar a una solución intermedia. En el pacto se debe ceder pero se debe asumir por dos la mejor opción para la marcha de uno de los socios.

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